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Mario A.


Mi gran consejo trascendente.

Hoy tengo ese extraño deseo de crear, de construir, siento que si no hago lo que estoy haciendo menos tiempo tendré, y lo peor, es que no sé si tendré tiempo suficiente. No sé cuanto más vaya a vivir pero no quiero irme sin dejar algo que pueda servir. Cuando la gente muere deja algo para los demás, un consejo, un ejemplo o solo un recuerdo, lo que la gente deja puede ser malo ya que nadie es perfecto, al menos, nadie que sea humano. Escribo esto con miedo, la incertidumbre me come, y aún así, estoy consciente de el riesgo implícito, vivir es un riesgo, hay que ser valientes, si mi vida llegara a ser corta, no me arrepentiría de muchas cosas, porque lo malo que hice lo hice sin la presión a la que muchos están sometidos, sin embargo, me arrepiento. Sigo aquí, tratando de traducir mi gran consejo trascendente, pero no puedo, no puedo porque no quiero caer en la hipocresía, ya que si yo mismo hubiera seguido mi gran consejo trascendente, tal vez no estaría aquí, haciendo lo que estoy haciendo, ¿cómo puedo recomendar algo que nunca he hecho?, mi gran consejo trascendente se reduce a un ideal que nunca existió en mi vida. Nadie es totalmente libre, totalmente valiente, totalmente fuerte o inteligente. Si yo fuera perfecto, o al menos si estuviera más cerca de la perfección y de la libertad, no habría desperdiciado tanto tiempo en escuelas, tareas, odio, competencia, discusiones, fórmulas matemáticas, filosofía, traiciones, en la búsqueda de un poder falso que solo tiene el que cree tenerlo, un poder en el que el fuerte golpea al débil y el débil al más débil. Mi nuevo y único gran consejo trascendente es que nadie es totalmente feliz porque nadie es totalmente libre, y nadie es totalmente libre porque nadie es perfecto, sin embargo somos capaces de ser más felices, y así, acercarnos más a la perfección.